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ni tan al margen

La batalla aérea del 27 de noviembre de 1992 sobre Caracas: Una historia asombrosa

26 noviembre, 2010

ND.- El sitio Patriagrande.com relata una historia particular del 27 de noviembre de 1992, cuando Caracas y Maracay fueron escenario de la “primera batalla aérea del país”. Uno de los protagonistas fue la del teniente Luis Magallanes quien con el tanque de combustible de su bimotor perforado por la bateria antiaérea ubicada en Fuerte Tiuna, cayó en la pista de La Carlota, y vivió para contarlo:

opinan los foristas

Esta es la historia:

El 27 de noviembre de 1992 las ciudades de Caracas y Maracay se convirtieron en el escenario de la primera batalla aérea en la historia del país. En medio de los cruentos combates, el entonces Teniente Luis Magallanes vivió un momento cercano a la muerte.

Su avión, un bimotor Bronco OV-10, fue alcanzado por una ráfaga de balas proveniente de una batería antiaérea, ubicada en las afueras del Ministerio de la Defensa en el Fuerte Tiuna.

A pesar de que el avión se encontraba con el tanque de combustible perforado, Magallanes lucha desesperadamente por llevar su Bronco, 4 kilómetros al este de la ciudad, en dirección a la pista de la Base Aérea de La Carlota. Quería evitar a toda costa estrellarse contra los cientos de edificios de la ciudad de Caracas, un riesgo inminente, potencialmente catastrófico.

La situación era crítica, ya que además de los graves daños sufridos, desde tierra las fuerzas de Carlos Andrés Pérez (CAP) seguían disparando en su contra, impactando varios proyectiles más contra su avión, que rápidamente perdía altura.

A pocos segundos de llegar a la pista de La Carlota, su avión era un verdadero amasijo de metal perforado por las balas, bañado con el aceite y combustible que fluía a borbotones por los agujeros del fuselaje.

Si quería salvar su vida debía eyectarse de la nave averiada y lo hizo a tan sólo 100 metros del suelo.

Salir del aparato fue un impacto doble. Primero la explosión de la silla de eyección que lo lanzó violentamente hacia el cielo con una fuerza de 10 gravedades y luego, en sentido contrario, la fuerte caída del aterrizaje que -a tan baja altura- poco pudo ser amortiguado por el paracaídas. Fue tal el impacto que inmediatamente perdió el conocimiento.

Odisea en tierra:

Mientras los restos de su avión ardían en llamas, el cuerpo del Teniente Magallanes quedó tendido, por varios minutos, en medio de la pista de la Carlota a merced de los francotiradores de Carlos Andrés Pérez. Ellos, a esa hora, mantenían un cerrado intercambio de disparos de grueso calibre, con los rebeldes bolivarianos apertrechados en el interior de la base.

En un acto de heroísmo, uno de los insurgentes que combatía desde tierra y vio lo sucedido, tomó su fusil y salió en rescate del piloto. Era el Teniente Nicolás Seijas Arrieta, quien se encontraba apertrechado con sus compañeros en el edificio del Comando General de la Aviación.

En una acción temeraria, condujo una vieja camioneta ranchera marca Ford hasta la mitad de la pista, bajo una lluvia de balas de las fuerzas a cargo de CAP. Cuando logra llegar hasta el sitio donde se encontraba Magallanes, descubre un hecho asombroso: aún estaba con vida y ninguno de los disparos en su contra -hechos desde el cielo o en la tierra- lo habían alcanzado. Sólo tenía heridas menores y, para su sorpresa, rápidamente logró recuperar el conocimiento para abordar el vehículo por sus propios medios.

La meta ahora era llegar hasta el lugar más cercano para buscar refugio del intenso combate que se libraba. El hangar de la Guardia Nacional en la base aérea de La Carlota era el lugar más cercano. Pero los disparos seguían y, finalmente, una bala de FAL logró alcanzarlos haciendo estallar la ventana del carro. El Cnel. Seijas, quien estaba al volante, quedó ensangrentado debido a los trozos de cristal que se incrustaron en su rostro. Aún así se las arregló para seguir conduciendo y llegar con éxito a su destino.

Contra todo pronóstico la misión se había cumplido. El Teniente Magallanes salvó la vida, desafiando como nadie a la muerte para vivir y contarlo: una de las historias más asombrosas del 27 de Noviembre de 1992 había ocurrido.

Tomado de Patriagrande.com.ve



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