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opinión


La Razón / ND

Argentina y el castrochavismo después de Kirchner

31 octubre, 2010

Aunque es temprano para evaluar las consecuencia precisas o aproximadas de la desaparición de Néstor Kirchner de la escena política argentina y sudamericana, no hay dudas que las mismas se harán sentir desde mañana mismo y se dirigirán a despejar las dudas de cuánta era su influencia en el gobierno de su ahora viuda, Cristina Fernández de Kirchner.

opinan los foristas

A este respecto, las hipótesis no pasan de 2 campos, pues mientras algunos analistas ven la carrera de Cristina como resultado del plan dinástico de Néstor que preveía una alternancia Néstor-Cristina y Cristina-Néstor hasta donde llegará el copamiento de las instituciones y las mayorías electorales rioplatenses, otros sostienen que la señora Fernández de Kirchner era una estrella política con luz propia, reacia a ser absorbida aun por su marido, que había surgido y crecido a su lado, es cierto, pero no como un satélite sino como un astro, y por tanto, en capacidad de tomar rumbos y tendencias propias si la sombra de Néstor pasa a ser un elemento más de sus sentimientos, que de su realismo.

Pero de ser así ¿cómo fue entonces que durante los 3 años de su gobierno secundó a Néstor en su política de enfrentamiento con los sectores productores del agro y la industria argentina, en un aislamiento de la economía global y de los grandes centros de poder internacional tan necesarios para un revival de las inversiones extranjeras, en su lucha por controlar la libertad de expresión so pretexto de acabar con poderosos monopolios mediáticos como el “Grupo Clarín”, y, lo más sorprendente, para hacer hasta lo imposible para recuperar del naufragio a grupos incontrolables y mafiosos del peronismo radical (latentes, pero no muertos durante el menemismo), y que le sirvieron, idealmente. para moverse en la línea de establecer un poder personal y casi omnímodo que lo configuró como un líder civil, pero de aliento y ejecutorias militares?

Pero aun más: ¿cómo y por qué se plegó Cristina a la línea kirchnerista de apoyo irrestricto y sin condiciones del risorgimento de la retroizquierda latinoamericana que presidida por Fidel Castro y Hugo Chávez (de lo que ya se conoce ahora como castrochavismo), significó para el subcontinente la mise en scene de modelos y utopías anacrónicas, desgastadas y condenadas al fracaso y cuyos resultados no podían ser otros, en lo económico, que el recrudecimiento de la pobreza, las injusticias y las desigualdades, y en lo político, del retorno del poder militar, cuartelario y dictatorial que tanto hizo durante la década de los 70 por desgarrar y casi desaparecer al país del río de La Plata?

¿Por qué adscribirse al antiimperialismo furioso de Néstor, siendo que después del fin de la “Guerra Fría”, los términos del intercambio político y económico internacional se habían transformado radicalmente y sonaba la hora de los países emergentes que Argentina podía, no solo integrar, sino encabezar?

¿Se acuerdan de Cristina envuelta en la chambonada castrochavista de ir a rescatar a Zelaya de la embajada de Brasil en Tegucigalpa, o en el escándalo del caso del maletín con los 800 mil dólares que, presuntamente, Chávez, hizo llegar a Buenos Aires para financiar su campaña presidencial, o calándose en Caracas el desfile militar decimonónico y folklorizante al que Chávez la invitó antes de de que pronunciara en la Asamblea Nacional el discurso oficial para celebrar los 200 años de la independencia venezolana?

Pues bien, imágenes, ideas, hechos e indicios que pudieron ser parte de la tragedia de alguien a quien se le concede un poder ficticio que será ejercido efectivamente por factores superpuestos, que resultan, a fin de cuenta, los que piensan, deciden y obligan al nominado a comportarse como títere o zombie.

Pero que, igualmente, pueden ser astillas ancladas en lo más íntimo de las pulsiones de una abogada peronista que, a pesar de cruzar la cincuentena de años y no estar involucrada en los hechos fundacionales del movimiento liberador, sigue creyendo en el mito de los descamisados y de una Argentina autárquica, tercerista y enfrentada a los polos de poder.

Manipulación o vocación personal que en ningún caso deben desconectarse del hecho aplastante de que la eclosión del kirchnerismo, tanto en la versión de Néstor, como de Cristina, sigue a la pavorosa crisis económica de finales del 2001 que, si bien debe atribuirse, en primer lugar, al pragmatismo que siempre fue la carta de presentación del peronismo en todos sus géneros y linajes, tanto uno, como otro, atribuyeron a “las maldades” del capitalismo y de la democracia liberal que, según ellos, fueron factores clave en el apoyo a los militares durante la guerra sucia, luego en la derrota de esos mismos militares en Las Malvinas, y por último, en las políticas económicas de Menem y Cavallo responsables del Apocalipsis de aquel diciembre que es preferible no recordar.

En definitiva: que incógnitas que bien podrían empezar a despejarse el lunes para irrumpir sobre otra, la fundamental del 2011, y que no es otra, si Cristina puede ganar la reelección presidencial del próximo año, o perderla para dar paso a un movimiento que, en la vía contraria, reinicie la reinserción, recuperación y normalización de la economía que quedó interrumpida con la llamada “crisis del tango” de diciembre del 2001.

Opción esta última la más probable, ahora que el país esta reequilibrando sus cuentas externas como consecuencia del auge de los precios de las materias primas en los mercados internacionales y, lo que se requiere, es un poco de realismo para que la nueva riqueza se vuelque a despertar la microeconomía y atraer las inversiones extranjeras para que el país ocupe el sitial que le aguarda entre los primeras economías de la subregión al lado de México y Brasil.

Pero eso en cuanto a la consecuencias de la desaparición de Néstor Kirchner de la escena política argentina, pues en lo que se refiere a Sudamérica, y muy en especial, a sus relaciones con la retroizquierda, al estrecho vínculo que mantuvo con el principal promotor del regreso de la izquierda radical socialista y militarista, Hugo Chávez, no hay dudas que las consecuencias serán devastadoras, ya que, independientemente de cuál sea la posición de Cristina en lo referente a las relaciones peligrosas de su esposo, con Néstor se va un fajador que no tuvo empacho en identificarse con el modelo castrochavista y acompañarlo en algunas de sus aventuras más riesgosas, ruidosas e inútiles.

Posición que asumió, no tanto por cuestiones de principios, ni porque creyera que la reintroducción de la utopía marxista pudiera aportarle algún beneficio a la región en general, y a los países que lo asumían en particular, sino porque sus promotores, eran sus aliados naturales en un contexto en que su proyecto autoritario y despótico era lo único que le quitaba el sueño y motivaba sus acciones en el más amplio rango de su vida política y personal.

Pero más importante que todo ello, fue colocar el peso del otro gran país del sur, Argentina, con su prestigio internacional, y su influencia y peso en los mercados mundiales, al lado de Cuba, Nicaragua y Venezuela, y de sus seguidores, Ecuador y Bolivia, legitimando la propuesta de que el marxismo y el socialismo regresaban al subcontinente, y que no estaban solos, pues Néstor Kirchner, era el primer aliado y jefe de estado para que el castrochavismo naciera, creciera y fuera una realidad.

Aventura que se ha venido dispersando por el rechazo de un grupo importante de países del continente (casi toda Centroamérica, y el Caribe, Panamá, Colombia, Perú y Chile) por el distanciamiento de países que una vez le fueron cercanos (Brasil, Uruguay y Paraguay), y por la enfermedad o el deceso de líderes que resultaban indispensables para mantenerlo vivo,

Hablamos, en primer lugar, de Fidel Castro, enfermo y convertido en un cronista atípico “del mas allá”; luego de Manuel Marulanda, enterrado en una tumba sin nombre en una selva del Sur de Colombia, y ahora de Néstor Kirchner, insustituible para que Chávez pregone que, golpeado y todo, su proyecto sigue contando con aliados de regular jerarquía.

De modo que, otro obstáculo para sacar a la retroizquierda, al castrochavismo, del colapso en que se encuentra y para darle argumentos que simulen que sin Fidel, Marulanda y Néstor Kirchner el futuro del movimiento continúa manteniéndose vivo, brillante.



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