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Opinión

El hermanodonte Ahmadinejad

Noviembre 27, 2009

Por cuarta vez visitó a Venezuela el muy cuestionado presidente de la República Islámica de Irán, Mahmoud Ahmadinejad. Cuestionamientos que se le formulan hasta por su legitimidad política, que no sólo provienen de Washington, Berlín o Jerusalén, sino sobre todo de millones de iraníes que le consideran un gobernante fraudulento, incluyendo a dos ex-presidentes de Irán: Mohammed Khatami y Akbar Hashemi Rafsanjani, ambos clérigos chiítas y figuras más que relevantes de esa gran nación.

opinan los foristas

Si al señor Ahmadinejad se le aplicaran los preceptos de la Constitución venezolana de 1999 en materia de defensa y protección de los derechos humanos, no sólo quedaría reprobado políticamente sino incurso en graves violaciones a las garantías más elementales de la dignidad humana. El suyo es un régimen despótico, retrogrado y discriminatorio, que se jacta de repartir condenas de muerte al por mayor, en nombre de una concepción barbárica e interesada de la Ley Islámica. Pero nada de eso importa en Miraflores, pues ya le volvieron a dispensar los honores reservados a los más fraternos aliados de la “revolución bolivarista”.

Y tanto proclamar la sacrosantidad del principio de no-intervención en los asuntos internos de otros Estados, cuando resulta que el huésped privilegiado del señor Chávez no se cansa de anunciar que está dispuesto a “borrar del mapa y de la historia” al Estado de Israel. Vaya respeto por la soberanía de países extranjeros, el que exhibe el actual presidente iraní con el apoyo entusiasta de su par nacional. De la mano de Ahmadinejad, Irán se ha constituido en un prototipo de país renegado del sistema global, y su ambición nuclear aún por encima de la normativa de Naciones Unidas lo viene colocando en el borde de la mínima legalidad internacional.

En el caso particular de las relaciones Venezuela e Irán, lo menos que se puede afirmar es que éstas se encuentran envueltas en un manto de opacidad, que muy poco tiene que ver con los vínculos bilaterales de dos países petroleros –que por cierto empezaron hace exactamente 60 años, en 1949–, y en cambio se adentran en el terreno de los nexos político-ideológicos que en nada favorecen los intereses generales de Venezuela, Al respecto, la opinión pública de nuestro país desconoce el número, contenido y alcance de los acuerdos suscritos entre Caracas y Teherán, lo que da pie a todo tipo de especulaciones sobre la naturaleza irregular de al menos parte de dicho entramado.

Más impresentable que nunca, el hermanodonte Ahmadinejad vino a ufanarse de esa intolerancia tan extraña al proceder tradicional de los venezolanos, para quienes la comunidad árabe e israelita de esta nación son hermanos de una misma nacionalidad. Y el señor Chávez no se le quedó atrás en el afán de ser más fundamentalista que el más radical de los ayatolás. Con esa fraternidad tan ruidosa en la retórica como tan secreteada en las ejecutorías, la llamada “revolución bolivarista” sólo seguirá ganando desprestigio, dentro y fuera de las fronteras de Venezuela.

flegana@gmail.com

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