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El Mundo
Washington Post: Una dosis de realismo en Honduras
Julio 11, 2009
ND.- El Washington Post le reconoce a Obama y Clinton el haber jugado hábilmente en la crisis hondureña, efectivamente aislando a Chávez y sus aliados extremistas en una posición percibida como irresponsable e intervencionista, mientras ellos crearon con sus aliados moderados un camino hacia una solución pacífica de la crisis.
Lea el artículo del Washington Post, con traducción de ND.
Una dosis de realismo en Honduras
Domingo, 12 de julio de 2009
Algunas veces hay que darle crédito a los líderes políticos.
El presidente Barack Obama y la Secretaria de Estado Hillary Clinton, están a punto de lograr su propio golpe de Estado en Honduras y promoción los intereses americanos con una habilidad no vista en Washington desde hace muchos años.
La referencia del presidente sobre Honduras durante su viaje a Moscú, refleja la forma en que el pequeño país centroamericano no es más que un peón mientras la administración aprieta el “botón de restauración” a nivel mundial y en el hemisferio.
La justicia no puede haber sido totalmente servida en Honduras, pero el país es probable que termine en una mejor situación de todos modos.
“América no puede ni debe tratar de imponer ningún sistema de gobierno en ningún otro país”, dijo Obama en Rusia, “ni podríamos presumir elegir cuál partido o cuál individuo debe gobernar un país…. Aun hoy cuando nos reunimos aquí, América apoya ahora la restauración del presidente democráticamente electo de Honduras, a pesar de que él se opuso firmemente a las políticas estadounidenses. Lo hacemos no porque estemos de acuerdo con él. Lo hacemos porque respetamos el principio universal de que las personas deben elegir sus propios dirigentes”.
La lección inmediata fue enseñarle a Rusia a permanecer fuera de Georgia y Ucrania. El mensaje, sin embargo, también resonó en toda América Latina, derrotando los esfuerzos polarizadores del presidente venezolano Hugo Chávez.
Que la administración de Obama se haya unido a la Organización de Estados Americanos en la condena de la expulsión del presidente de Honduras Manuel Zelaya, ha dejado a Chávez echando aire caliente pero sin nadie con quien pelear en contra.
Cuando los tres aliados de Chávez – los presidentes de Argentina, Ecuador y Paraguay – buscaron en vano escoltar a Zelaya en su regreso a Honduras en aviones venezolanos, lucieron irresponsables por crear una situación de violencia que resultó en una muerte. Clinton, mientras tanto, trabajando calladamente con Brasil, México, Colombia, Chile y otros países moderados, llevó a los dos grupos de Honduras a una mediación con uno de los grandes hombres de América Latina, el costarricense Oscar Arias, Premio Nobel de la Paz.
Hay ahora un movimiento genuino hacia la solución pacífica de la crisis.
Los Estados Unidos, siempre visto como un matón en la región, es visto de repente como respetuoso y prudente. El inflamable Chávez sólo pudo llegar a una fórmula claramente cómica en la que el “imperio yanqui” sigue siendo el villano en Honduras, pero Obama no puede ser responsable porque es “más como un prisionero del imperio”.
Más fundamentalmente, Obama y Clinton, tal vez porque no tienen particularmente experiencia en América Latina, se han dirigido a la región con nuevos ojos y preguntándose a qué viene tanto alboroto. El discurso de Moscú y sus acciones en Honduras subrayan que realmente la Guerra Fría se terminó.
Chávez es una molestia, pero Washington no tiene enemigos en América Latina. Nuestros intereses principales son la inmigración, la delincuencia y el comercio, no las ideologías, tanto como los extremistas de la derecha y la izquierda, aquí y allá, quieren que así sea.
Así ¿estamos sacrificando Honduras? No. Zelaya es el principal culpable de esta crisis, pero lo que cuenta es el estado de derecho. Su mano ha sido golpeada duramente. Que le permitan cumplir los seis últimos meses de su mandato, mientras que no realice el referéndum que hubiera abierto el camino a reelección sucesión, tiene una mejor oportunidad de lograr la paz y la estabilidad en el país que el actual enfrentamiento.
La pregunta principal será: ¿Qué hemos aprendido el resto de nosotros? Todos hemos estado empujando a los latinoamericanos a defender el imperio de la ley, pero más allá de simplemente insistir en que Zelaya fue elegido, pocos en la OEA, la Unión Europea u otros críticos se han mostrado dispuestos a darle mucho crédito a los hondureños por tratar de hacer precisamente eso.
La Corte Suprema de Justicia de Honduras, estando facultada a hacerlo en virtud de la Constitución, ordenó al ejército detener a Zelaya después de que comenzó a llevar a cabo un referéndum para una asamblea constituyente, que el tribunal, el Congreso y su propio fiscal general dijeron que era ilegal. Sin embargo, muchos países de América Latina y los gobiernos europeos todavía lo llaman un “golpe militar” o, como la Associated Press lo llamó durante varios días después, un “agarrón militar del poder”. Clinton y Obama dejaron de llamarlo un golpe de Estado.
Existen áreas grises que tienen que ver con los poderes presidenciales y con el hecho de que la Constitución hondureña prohíba la extradición de los ciudadanos. El ejército exilió a Zelaya en consulta con los líderes civiles para evitar precisamente el tipo de violencia que se vio cuando Zelaya intentó regresar. Zelaya puso al país y a sus instituciones contra la pared, y por ello él debería tomarse su medicina.
Edward Schumacher-Matos escribe para el Washington Post.





















