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Opinión

Marianella Salazar
El Nacional / ND

De momias y algo más

Febrero 25, 2009

Para no amargarme el Carnaval, que pudo ser el último de haber ganado el No ­y es que en este reino de lo impredecible nunca se sabe si habrá uno próximo­, durante el asueto de Carnaval apagué el televisor, haciendo una excepción en la noche de los premios Oscar.

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Me evité el impúdico desfile por noticieros y programas de opinión de esas trágicas mascaritas que suplican diálogo al Gobierno y ofrecen burdas caretas, gozosas de las trompadas que les propina el Momo envalentonado y muerto de risa. De caramelitos, ¡nada! No dialogará con la “oligarquía derrotada el 15-F”.

Es decir, con los 5 millones que votaron No en el referendo. Sin embargo, con increíble desvergüenza, las comparsas integradas por alguna dirigencia opositora continúan gritando “¡Aquí es, aquí es!”, exactamente como lo hacen “los tírame algo” mendicantes de América Latina, que siempre se llevan algo del dinero que nos pertenece a todos los venezolanos. Pero, algunos de nuestros patéticos dirigentes no se llevan sino chascos y golpes. No aprenden de las lecciones que nos dejaron otros eventos tan traumáticos como el del pasado referendo, en el que se aprobó la enmienda constitucional; no escuchan los desplantes presidenciales, en los que se jacta de no querer conversar con ellos. Y mientras más se humillen, duro con ellos. Entre tanto, el Gobierno se reúne con parlamentarios estadounidenses con miras a normalizar las relaciones con el imperio y prefiere dialogar directamente con el Departamento de Estado, antes de hacerlo con la oposición. Cierta dirigencia hace el ridículo al poner sus mejillas y dejar a la oposición muy mal parada, como dijo burlándose, el lunes de Carnaval, uno de los grandes bufones de su majestad tropical, esa especie de fósil viviente que los lectores fácilmente identificarán. Para momias, prefiero hablar de la que está en la Plaza Roja de Moscú.

El Último Fantasma. La momia de Lenin ­que podría ser un disfraz muy a tono con los carnavales revolucionarios­, se salió del armario o la sacó del mausoleo de la Plaza Roja, el escritor Eduardo Liendo, que ha logrado encantarnos con su obra literaria El último fantasma y que, sin duda, engatusará a quien devore sus páginas. Además de aparecer con un gato negro muy educado, que responde al nombre de Calígula, en esta deliciosa y sorpresiva lectura se comprende el porqué el fantasma de Vladimir Ilich Ulianov ha seguido engatusando desde principios del siglo XX a media humanidad. En sus alucinantes conversaciones con el fantasma de Lenin, debidamente alicoradas con vodkas y coca colas, el autor aprovecha para recriminarle todas sus equivocaciones, la cruel persecución a los disidentes, los millones de víctimas, la engañosa dictadura del proletariado, la brutal dictadura del partido único, además del culto semirreligioso, que hizo que su cuerpo fuera embalsamado y expuesto como fetiche para la veneración pública en la Plaza Roja, mientras San Petersburgo pasó a llamarse Leningrado. El último fan- tasma no deja dudas: Lenin fue la cabeza visible de uno de los mayores errores del siglo XX y, además, que no es el comunismo en sí, sino la nefasta aplicación marxista-leninista que según el autor “se metamorfoseó en una perversión política totalitaria”, como ha pasado, además de la Unión Soviética, en otros países como Cuba y que pretenden arrimar a Venezuela.

Aunque el fantasma jura ser inocente e incapaz de apostar “por ninguna supuesta revolución en el llamado mundo subdesarrollado”, el lector no puede dictaminar otra cosa que su culpabilidad.

Deberían enterrar dignamente a esa momia y con ella el culto a la personalidad y a la dictadura del pensamiento único.

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